¿Qué ven?...en pocas palabras podríamos describir la imagen como una postal típica de un mall, con pasillos muy colapsados en donde las personas que te anteceden te obligan a regular tu velocidad de vitrineo con la que ellos escogieron. Esta situación se vuelve un tanto más que dramática cerca de festividades tan populares como las graduaciones, año nuevo y por supuesto navidad.
Hace un mes pensamos en base a nuestra condición de recién llegados acerca de esta navidad, que tal como los demás años, más allá de pensar en la dinámica religiosa que conlleva, se acentuaba en lo especial que implica esta fecha viviendo la magia que envuelve a los pequeños y al cariño que obliga a compartir especialmente en estas fechas con nuestras familias.
Acá la gente anda más apurada que de costumbre, con viajes obligados a EEUU para compras navideñas, ya que sale a lo más la mitad del costo que sería hacerlo acá, lo que se ve crecientemente impulsado tras el viernes negro (fecha en que los minoristas norteamericanos hacen rebajas imperdibles), todo lo cual ha hecho que la economía canadiense en esta fecha se vea muy menoscabada. Como respuesta a este perjuicio económico, el gobierno canadiense está haciendo una apuesta distinta este año, sembrando estos recintos con descuentos sin precedentes, desencadenando un desenfreno consumista impresionante, en base a la eliminación de impuestos.
Sentíamos un apuro ridículo de que llegara la fecha y nosotros no contáramos con los regalos del rigor. Fue entonces cuando nos involucraron en una campaña muy hermosa, llamada “Plan Canadá” que he querido compartir a través de este medio, que integra el sentimiento más puro de la navidad, que si bien tiene que ver con regalar algo, no es para quienes no necesitamos ese presente urgente, sino para aquellos que si lo esperan.
El aporte no implica gastar un dineral, por ejemplo con 10 dólares canadienses (aprox $5.000) se puede donar un regalo a repúblicas con necesidades urgentes como Zambia y Uganda. Con ese dinero se podría donar una manta para que una madre cargue a su recién nacido o bien un árbol de mangos. Por supuesto, lo que rescato no es la idea particular sino la aplicación que cada persona puede hacer con esto. Que distinto sería materializar el espíritu navideño regalando una sonrisa a quienes en realidad lo necesiten y que el consumismo urgentemente estresante en estas fechas sea canjeado por una navidad llena de sensibilidad y afectos con nuestras familias.



